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CLAME


jueves, 1 de mayo de 2014

Origen y Modo de Contar de los Indios de Faustino Chimalpopoca (Libro y Biografía del Autor)

AL LECTOR

Este libro está tomado de los Documentos Históricos de Faustino Chimalpopoca que existen en la Sección de M. S. del Museo Nacional.

Corresponde a la edición del libro Origen y Modo de Contar de los Indios editado por Vargas Rea en 1 947.

Espero que su lectura nos permita comprender la visión del sistema de numeración creado por las etnias Nativas del continente americano, visión que surge desde las propias etnias en contraposición a la visión de ese sistema desde la vista del criollo.

De los 100 ejemplares impresos, ponemos a disposición el número 2 que adquirimos en el año 2 012.

Ángel Míguez


































FICHA: 


Faustino Chimalpopoca Galicia [también: Faustino Galicia Chimalpopoca]

(1805 – 1877)

Historiador y nahuatlato.

En una época donde solo los privilegiados tenían acceso a la educación, tuvo la oportunidad de estudiar para abogado.

Dedicó su vida a la enseñanza del náhuatl y a la transcripción y traducción de documentos coloniales.

Fue parte de la Academia de Profesores para estudiar las Antigüedades Mexicanas.

Fue el primer traductor del manuscrito “Anales de Cuauhtitlán” y se desempeñó como copista bajo la dirección de José Fernando Ramírez.

Perteneció a la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, donde estuvo a cargo de las investigaciones de las lenguas indígenas; impartió náhuatl en la Nacional y Pontificia Universidad de México y trabajó en el Museo Nacional de Arqueología, Etnología e Historia.

Bibliografía (escritos, copias y traducciones)

“Origen y Modo de Contar de los Indios”

“Los Anales de México y sus contornos” (Anales de Cuauhtitlan, noticias históricas de México y sus contornos, José Fernando Ramírez (comp.), Faustino Galicia Chimalpopoca (tr.), México, Publicación de los Anales del Museo Nacional, 1885, 84 p)

“Los Documentos históricos de nuestro personaje”



BIOGRAFÍA:

FAUSTINO CHIMALPOPOCA GALICIA

Biografía por Baruc Martínez

Siempre es difícil y complicado empezar un texto, cualquiera que sea éste, pero, se vuelve más complicado aún, cuando se escribe sobre alguien quien ha roto las barreras de su tiempo y su persona es de actualidad constante; aquel que se decidió a cambiar su mundo y sigue influyendo sobre el nuestro; quien siempre nos recuerda que la Historia, aquí con mayúscula, no es lo que ya pasó sino lo que está pasando, en ese sentido de acción constante con causas de larga o corta duración. Una de estas personas nació en el umbral del siglo XIX; apenas habían transcurrido cinco años cuando una madre dio a luz a un hijo pródigo, fue en un pequeño pueblo, en una casa humilde, entre canales y ahuejotes; con las palabras suaves del idioma mexicano llegó al mundo Faustino Chimalpopoca Galicia.

Pocas veces recordado, inclusive por sus familiares, las más de las veces olvidado en lo cotidiano y relegado a los fríos muros de la academia historiográfica. Sin embargo, fue un hombre de grandes obras, de ésos que sólo se daban en el siglo XIX; vida fructífera la de don Faustino, legado para los pueblos de habla nahuatl en particular, pero para los del mundo entero en general. Obra que no podemos soslayar si queremos entender nuestra actualidad con respecto a las lenguas primigenias de estas tierras.

Parece increíble, pero ni en su propio pueblo se acuerdan de él; ha sido estigmatizado por los juaristas recalcitrantes; considerado anatema en la historiografía oficial, impuesta por el Estado burgués en turno. Ninguna calle lleva su nombre, ni escuela alguna, ni una estatua, mucho menos se le daría su nombre algún pueblo o ciudad, por pequeño que éste fuera. Así de injusta ha sido la crítica con don Faustino Chimalpopoca Galicia.

Hoy, sin embargo, las cosas han cambiado; poco a poco nos vamos quitando el colonialismo de nuestras mentes. La figura de don Faustino ayuda a vencer los obstáculos que se nos presentan; ejemplo preclaro para la juventud que ansía conocimiento sobre nuestro propio ser. Hablemos pues de quién es Faustino Chimalpopoca Galicia.

En 1805 nació, en una casa de piedra que aún existe, don Faustino Chimalpopoca Galicia en el actual pueblo de San Pedro Tláhuac. Ocurrió este suceso en el paraje denominado Tecaxic (en la hondonada de piedra), en el barrio de Ticic (San Miguel), el más importante desde la antigüedad hasta ese momento. El nombre de su madre nos es desconocido hasta la actualidad, no así el de su padre: don Alejo Andrés Chimalpopoca Galicia.

Al parecer era miembro de una de las familias gobernantes de Tláhuac; el mismo Faustino, en uno de sus trabajos, señala a su padre con el cargo de tlahtoani, es decir: gobernante. Además gozaban de un prestigio considerable al ser del linaje de las familias gobernantes desde la época prehispánica. Así se sabe que los Chimalpopoca eran descendientes del estrato gobernante por dos líneas: por un lado del tlahtoani de Mexihco Tenochtitlan: Chimalpopoca y, por el otro, del tlahtoani de Tetzcoco Ahcolhuahcan: Nezahualcoyotl. Con respecto a este tópico ya hemos apuntado que:

[…] en el pueblo [de Tláhuac] todavía se conservaban muchas tradiciones provenientes del pasado indígena, aún en la actualidad es apreciable esto. Por ello, uno de los rasgos característicos es que existían familias descendientes de las clases gobernantes prehispánicas y esto les otorgaba respeto entre los habitantes indígenas. Además estas familias eran las que conservaban de una mejor manera las tradiciones autóctonas, la historia, la lengua, las leyendas, etcétera. En Tláhuac podemos hablar, principalmente, de dos familias de este tipo: Ramírez Ruiz y Chimalpopoca Galicia.

Como miembro de una de esas familias gobernantes gozó de privilegios que los campesinos tlahuacah no tuvieron. En aquel tiempo, en Tláhuac, no existía escuela alguna; sus habitantes se dedicaban, principalmente, a la pesca y a la agricultura chinampera. El resultado de su trabajo lo consumían y el excedente lo llevaban a comerciar al centro de la ciudad de México; se dirigían a dos mercados principalmente: al de Jamaica y al del Volador, ubicado este último en la actual Plaza de la Constitución.

Entre esos privilegios estuvo el de la educación; mucho pesó que su padre fuera gobernante de este pueblo, empero, no fue sólo él quien le permitió el acceso a la instrucción. De acuerdo con Agustín Mendoza Palacios, nativo de Tláhuac, don Faustino tuvo la fortuna de que su padrino fuera el sacerdote del pueblo; él fue, pensamos, la principal influencia para la futura formación del después licenciado Chimalpopoca Galicia.

Por esos años, en el centro de México, existía un colegio dirigido por los jesuitas y especializado en la educación indígena; se llamaba Colegio de San Gregorio. Ahí, precisamente, ingresó nuestro personaje para prepararse como abogado. Después de varios años de estudio en dicho colegio obtuvo el título de abogado y, para tales fines, su padrino fue el entonces emperador de México: Agustín de Iturbide, quien le obsequió la bondadosa cantidad de cincuenta y dos mil pesos.

Una vez terminados sus estudios se dedicó a la impartición de clases de lengua nahuatl y a la trascripción y traducción de documentos antiguos inéditos de procedencia colonial temprana. En el mismo Colegio de San Gregorio don Faustino se encargó de dar la cátedra de nahuatl y formó parte de la Academia de Profesores para estudiar las Antigüedades Mexicanas.

Siendo profesor del citado colegio tuvo la oportunidad de consultar su biblioteca, la cual era muy basta en manuscritos indígenas de diversos idiomas. Dentro de esos manuscritos destacó uno que había pertenecido a don Fernando de Alva Ixtlilxochitl y que nuestro personaje tituló como Anales de Cuauhtitlan, pues se refería en gran parte a fenómenos históricos acaecidos en ese pueblo durante la época prehispánica. El licenciado Chimalpopoca Galicia fue el primer traductor de este manuscrito; más tarde el abate Brasseur de Bourbourg se puso a las órdenes de don Faustino para traducirlo y, en su honor, le llamó Códice Chimalpopoca, que es como se conoce hasta la actualidad.

Hacia 1849 el licenciado Chimalpopoca conoció a don José Fernando Ramírez y, bajo su dirección, estuvo trabajando como copista y traductor hasta el año de 1860. El resultado de dichos trabajos se encuentra en dos volúmenes, principalmente, ubicados en el Fondo Histórico del hoy Museo Nacional de Antropología: en los Anales de México y sus contornos y en los Documentos históricos de nuestro personaje.

En 1855, exactamente el 3 de marzo, don Faustino Chimalpopoca realizó la copia de los Títulos Primordiales de Tierras del pueblo de Cuitlahuac y anotó al principio de ese documento: “Copia de Títulos de Tierras pertenecientes a la ciudad antigua de Cuitlahuac, hoy miserable pueblo, sacada de un manuscrito antiguo que se halla en papel palmilla por el que suscribe” . Tuvo un objetivo claro esta acción de Chimalpopoca: que no se perdiera memoria de lo habían ganado los gobernantes antiguos de Cuitlahuac para sus descendientes. Él mismo lo expreso en la lengua mexicana:

Non nehuatl axcan ipan mani metztli Marzo ic ei tonalli ipan matlactloce Tochtli xihuitl, oniquixcopin inin Tlalamatl, onic quixti itech ce ye huecauh Zololamatl tlacuiloli ipampa cemicac quimatizque Cuitlahuac tepilhuan, tlein oquinmotlanilique ihuan tlein oquimanilique inin colhuan ihuan Teteuctin, camo zan quen omonemiltique amo zan quen omo tlacheltique in Ticic, in Tzintianique tlaca ca omo tequipachotzinoque ihuan omo tequitilique ipampa inin pilhuantzitzihuan. Axcan no nehuatl ipampa cemicac neztiez nic tlalia no toca ihuan no Tonal.

Ahora yo también en el mes de marzo, en el tercer día, en el año doce-conejo [1855], copié estos Títulos de tierra, los saqué de un viejo y antiguo manuscrito para que siempre sepan los hijos de Tláhuac, lo que ganaron y lo que entregaron sus abuelos y los señores principales que no en vano vivieron, no en vano permanecieron en Ticic [lugar de hombres de conocimiento], los fundadores mucho padecieron y trabajaron para sus descendientes. Ahora yo también para que siempre aparezca coloco mi nombre y mi señal.

Lic. Ton Faustino Chimalpopoca Galicia
Ticic Tlaxilacalli ze [barrio de Ticic, número 1].

Un año después, en 1856, ingresa a la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística como socio honorario y, más adelante, como socio de número. Ahí mismo se encarga de las investigaciones con respecto a las lenguas indígenas; en especial se dedicaba al mexicano, su lengua materna, pero, sabemos, también conocía el matlatzincatl y el otomí o ñahñú. En el boletín, que periódicamente editada esta agrupación, aparecieron algunos trabajos de nuestro personaje.

Cuando se reinstaura la Nacional y Pontificia Universidad de México en el año de 1858 se instituye la cátedra de nahuatl, el licenciado Chimalpopoca, desde ese entonces y hasta 1865, fue propietario de dicha cátedra. Cabe recordar que en ese último año de 1865 fue cerrada definitivamente la Universidad, por ello dejó de impartir su cátedra don Faustino.

Con respecto a estos años de su vida nos dice María Teresa Sepúlveda y Herrera: “Parece ser que entre 1830 y 1860 Chimalpopoca vivía modestamente; combinaba los quehaceres de su oficio con los de traductor, copista y profesor de náhuatl, y realizaba algún estudio sobre la cultura mexica”.

Muchos fueron los documentos que el licenciado Chimalpopoca legó a los estudiosos de las cultura antiguas de México; desgraciadamente éstos se encuentran dispersos y, en muchos casos, permanecen en bibliotecas de universidades extranjeras o, peor aún, en colecciones privadas de grandes detentadores del poder adquisitivo. Para mayores referencias diremos que tenemos noticias de que hay documentos, pertenecientes a la pluma de don Faustino, en las siguientes bibliotecas: Biblioteca Nacional de México, Fondo Reservado; Biblioteca del Museo Nacional de Antropología, Colección Antigua; Biblioteca Bancroft de la Universidad de Berkeley, California, Biblioteca Newberry de la Universidad de Chicago, Biblioteca Nacional de París, etcétera.

La pregunta sería: ¿cómo llegaron esos documentos hasta lugares tan lejanos? Muchos de ellos, sin duda alguna, fueron comprados después de la muerte de nuestro personaje y adquiridos, más tarde, por las mencionadas bibliotecas. Muchos otros, sin embargo, fueron adquiridos por medio del engaño; Román Galicia Maldonado, descendiente de Chimalpopoca, nos relata cómo hace muchos años unos extranjeros llegaron a Tláhuac y le dijeron a su abuelita, doña Gregoria Galicia, que les prestara los últimos libros que tenía de su antepasado y que luego se los regresaban; así se hizo y el resultado fue que nunca regresaron estos individuos. Historias como ésta deben haber existido pero, lamentablemente, hoy se han olvidado.

Ya desde el año de 1963 don Faustino Chimalpopoca Galicia se afilió a la llamada Asamblea de Notables, quienes propugnaban por un gobierno monárquico y la venida de un príncipe europeo. Bajo el amparo de esta agrupación lanzó un manifiesto el primero de octubre; el manifiesto, dirigido a la raza india de México, hacía proselitismo a favor del Imperio, invitaba a los indígenas mexicanos a defender esta causa pues, desde su perspectiva, la oposición juarista no ofrecía un mejor futuro al pueblo mexicano. Así, de esta guisa, se expresaba Chimalpopoca:

Macehualtzitzintine, ihuan mochtin altepeme. In yectlatocayotl in quí paleuhtoc ín huei altepetl Francia, cenca mo centilana mexica tlalpan. In huel nelli Totatzin Dios oquimo tlaocoltilli în to huey tonetequipachol, ihuan yehuatzin oquimixpololtilli in huexcatlatoque, qui milhuia impíos.

Oh venerables mahcehuales (indígenas) y todos los pueblos. El recto gobierno que ha promovido el gran pueblo de Francia, sobremanera ha cundido en tierras mexicanas. El gran verdadero padre nuestro Dios se apiadó de nuestro gran sufrimiento y él ha confundido a los soberbios gobernantes, a los que les dicen impíos.

Con esta proclama cumplió su objetivo y una gran cantidad de indígenas se adhirieron a la causa del imperio de Maximiliano. En labios del mismo Niceto de Zamacois, esto sucedió “[…] por ser de su propia raza el que les dirigía las palabras y uno de los indígenas más autorizados por su ilustración y honradez”.

El 28 de mayo de 1864 llega Maximiliano de Habsburgo y su esposa Carlota al puerto de Veracruz. Al otro día en un lugar llamado La Soledad, en donde almorzaron los emperadores, apareció en escena don Faustino Chimalpopoca Galicia. La aceptación por parte de Maximiliano fue evidente y, desde entonces hasta su muerte, fue nombrado, Chimalpopoca, traductor oficial. Durante el viaje a la ciudad de México le va sirviendo como intérprete ante las autoridades indígenas tradicionales que salen al encuentro del nuevo gobierno de México.

Fue tanta la convicción de Maximiliano de aprender las cuestiones indígenas que nombró su preceptor imperial a don Faustino; éste se encargó de preparar a los emperadores pues algún día, según decían ellos, les gustaría comunicarse con los indígenas en su propia lengua. Así pues, él les dio clases de la lengua mexicana y, poco a poco, fueron aprendiendo este idioma de los mismos labios del abogado Chimalpopoca Galicia.

Esta noticia alegró a muchos indígenas y don Mariano Jacobo Rojas, connotado nahuatlahto y profesor de Tepoztlan, fue a ver al mismísimo emperador de México. Al saber esta afición por lo indígena que tenía el emperador dijo:

Niauh ninoteixpántiz teixpa in Hueytlatoani Macximilianótzin, inic niquihtlániz ca in mexihcatlahtolli man amo tlami, man amo pohpolíhuiz…

Voy a presentarme ante el emperador Maximiliano para pedirle que nunca se acabe, que no se pierda la lengua mexicana.

De esta forma la actuación de don Faustino sirvió para que muchos de sus coterráneos tuvieran oportunidad de enaltecer la riqueza indígena cultural. Es decir: su actuación no sólo fue tomada en cuenta sino que se presentó como la guía para que otros indígenas nahuah tomaran parte en la cosa pública lo cual, finalmente, significó la participación activa en la historia de México en general y de aquellos acontecimientos en particular.

Cuando llegaron los emperadores a la capital, visitaron la Catedral de México; en ella se hizo una gran ceremonia para recibirlos y recibieron felicitaciones y odas por su llegada. Entre estas composiciones cabe señalar la de don Faustino Chimalpopoca Galicia quien, dirigiéndose a los emperadores, les aconsejó: “Vais, Señor, a ocupar el trono de los aztecas; mas procurad y ejerced en él el imperio de la verdad y de la justicia”. Sabio consejo que se debería de inculcar a los gobernantes de hoy día; por ello, sentimos, hacen falta personas como el licenciado Chimalpopoca quien, con la prudencia y afabilidad que lo caracterizaban, se condujo por un camino difícil y escabroso.

En esas condiciones se encontraba nuestro país: por un lado el proyecto liberal burgués y, por el otro, un proyecto de imperio con una fuerte tendencia indigenista. Nuestro personaje y paisano optó por la segunda por parecerle que podría de esa forma ayudar a sus hermanos indígenas en su lucha que ya llevaba poco más de tres siglos. A pesar que entre las filas del liberalismo se encontraban algunos indígenas intelectuales esto no fue suficiente para que se entendiera la problemática que aquejaba a los pueblos. El mismo Juárez nunca entendió el problema agrario desde la perspectiva de la comunalidad india.

El 25 de junio de 1856 se promulgó la Ley de Desamortización de bienes muertos, mejor conocida como la Ley Lerdo, pues su creador fue don Miguel Lerdo de Tejada. Ésta afectaba considerablemente a las comunidades indígenas: les quitaba la propiedad comunal de la tierra y la ponía en circulación en el mercado a la deriva de los mejores postores. Así fue como los extranjeros millonarios empezaron a formar sus haciendas: con los bienes comunales que otrora fueron de los pueblos originarios.

Uno de tantos pueblos afectados fue Tláhuac, el lugar de origen del licenciado Chimalpopoca. Al decir de dos investigadoras:

Uno de los mayores embates que sufrieron las comunidades de Tláhuac, fue resultado de la aplicación de la Ley de Desamortización de bienes de manos muertas, expedida el 25 de junio de 1856, la cual generó serios trastornos estructurales en el sistema de tenencia de la tierra en la medida en que muchas de sus posesiones fueron subdivididas y privatizadas.

La respuesta a esta ley fueron grandes movilizaciones armadas en contra del gobierno juarista; no obstante, también se empezó a plantear una propuesta alternativa: el indigenismo de Maximiliano lo hizo comprender que la única solución era devolver las tierras a sus legítimos detentadores: las comunidades indígenas. Para tal efecto el emperador ordenó la promulgación de varios edictos y ordenanzas encaminadas a la restitución de la propiedad comunal indígena. El hecho aquí relevante es que estos documentos fueron redactados tanto en castellano como en nahuatl; desde luego el traductor de los mismos fue, nada más ni menos, que don Faustino Chimalpopoca Galicia.

En la actualidad tales manifiestos han sido reproducidos en forma facsimilar y de este modo podemos conocer el contenido de ellos así como la importante participación de Chimalpopoca en las cuestiones agrarias a favor de los indígenas.

Además es deber señalar que el licenciado también jugó un papel relevante para que los indígenas mexicanos pudieran mejorar su condición de vida en el siglo XIX; para ello se constituyó la Junta Protectora de las Clases Menesterosas y él fue nombrado por el emperador como presidente de la misma.

Junto a los emperadores don Faustino realizó un sinfín de viajes y travesías por el territorio mexicano; pero, para nosotros, es importante señalar que gracias a él los emperadores visitaron el pueblo de San Pedro Tláhuac, oyeron misa y ofrecieron regalos a la población nativa; este hecho subsiste en nuestros días en algunos habitantes de nuestro pueblo y cuentan que:

[…] los habitantes esperaron a los emperadores en el sitio conocido como “el puente”, en la actualidad está entre el Huey Atezcatl (el lago de los Reyes) y el ex-restaurante Akalli, allí desembarcaron y fueron conducidos a la Parroquia. La emperatriz regaló, después de misa, mantas a las mujeres tlahuacah.

Con el tiempo y, como todos deberíamos saber, el proyecto de Maximiliano fue derrotado por el gobierno juarista y, en el Cerro de las Campanas, fue fusilado el emperador en junio de 1867.

Todos los partidarios de Benito Juárez empezaron una feroz cacería en contra de sus opositores; muchos de ellos fueron encarcelados y, otros más, fusilados en diversas partes del país. Don Faustino no fue la excepción; a pesar de que casi nadie apunta que él fue objeto de persecución, sabemos, gracias a sus descendientes, que esto ocurrió. María Teresa Sepúlveda y Herrera apunta unas líneas donde la hija de don Faustino relata cómo fue perseguido por las tropas juaristas pero, hasta ahí, concluye este hecho. No obstante, sabemos que él regresó a su casa de Tláhuac, ubicada en Ticic, y huyó en canoa por el Canal del Desagüe, hoy calle Aquiles Serdán; de esta forma llegó hasta Veracruz y, posteriormente, a Francia, en donde residió por un tiempo.

En Tláhuac también existió presión contra los familiares de Chimalpopoca. Su hermano Manuel Chimalpopoca Galicia, de donde provienen todos los descendientes legítimos de nuestro personaje en Tláhuac, fue envenenado en el barrio de Tecpan (San Juan) durante una fiesta. Don Blandino Palacios Calzada, nativo de Tláhuac, especifica que se le dio el veneno en un jarro con pulque.

Por esta persecución, los familiares sobrevivientes a esta cacería de brujas, decidieron eliminar el apellido Chimalpopoca, ya que éste resultaba muy llamativo y fácilmente identificable. Sólo se conservó el Galicia y así es como hoy, en Tláhuac, los descendientes de este gran personaje se apellidan Galicia.

Tiempo después y, cuando ya había pasado el peligro liberal, regresó a su tierra el licenciado Chimalpopoca. Los últimos años de su vida los pasó trabajando en el Museo Nacional de Arqueología, Historia y Etnología; algunos de sus trabajos, como el que hoy les presentamos, fueron publicados en los Anales de dicho museo. En 1877 murió, a la edad de 72 años, el licenciado don Faustino Chimalpopoca Galicia.

A pesar de su muerte su obra continúa siendo de una vigencia perenne y, no obstante los que agriamente lo han criticado, se debe promover el conocimiento de su vida y de su obra.

Tomado de: http://lgpolar.com/page/read/539  el 01-05-2 014

viernes, 18 de abril de 2014

En memoria de Gabriel García Márquez

Discurso de aceptación del Premio Nobel
La soledad de América Latina (1982)
Gabriel García Márquez

Antonio Pigafetta, un navegante florentino que acompañó a Magallanes en el primer viaje alrededor del mundo, escribió a su paso por nuestra América meridional una crónica rigurosa que sin embargo parece una aventura de la imaginación. Contó que había visto cerdos con el ombligo en el lomo, y unos pájaros sin patas cuyas hembras empollaban en las espaldas del macho, y otros como alcatraces sin lengua cuyos picos parecían una cuchara. Contó que había visto un engendro animal con cabeza y orejas de mula, cuerpo de camello, patas de ciervo y relincho de caballo. Contó que al primer nativo que encontraron en la Patagonia le pusieron enfrente un espejo, y que aquel gigante enardecido perdió el uso de la razón por el pavor de su propia imagen.
Este libro breve y fascinante, en el cual ya se vislumbran los gérmenes de nuestras novelas de hoy, no es ni mucho menos el testimonio más asombroso de nuestra realidad de aquellos tiempos. Los cronistas de Indias nos legaron otros incontables. Eldorado, nuestro país ilusorio tan codiciado, figuró en mapas numerosos durante largos años, cambiando de lugar y de forma según la fantasía de los cartógrafos. En busca de la fuente de la Eterna Juventud, el mítico Alvar Núñez Cabeza de Vaca exploró durante ocho años el norte de México, en una expedición venática cuyos miembros se comieron unos a otros y sólo llegaron cinco de los 600 que la emprendieron. Uno de los tantos misterios que nunca fueron descifrados, es el de las once mil mulas cargadas con cien libras de oro cada una, que un día salieron del Cuzco para pagar el rescate de Atahualpa y nunca llegaron a su destino. Más tarde, durante la colonia, se vendían en Cartagena de Indias unas gallinas criadas en tierras de aluvión, en cuyas mollejas se encontraban piedrecitas de oro. Este delirio áureo de nuestros fundadores nos persiguió hasta hace poco tiempo. Apenas en el siglo pasado la misión alemana de estudiar la construcción de un ferrocarril interoceánico en el istmo de Panamá, concluyó que el proyecto era viable con la condición de que los rieles no se hicieran de hierro, que era un metal escaso en la región, sino que se hicieran de oro.
La independencia del dominio español no nos puso a salvo de la demencia. El general Antonio López de Santana, que fue tres veces dictador de México, hizo enterrar con funerales magníficos la pierna derecha que había perdido en la llamada Guerra de los Pasteles. El general García Moreno gobernó al Ecuador durante 16 años como un monarca absoluto, y su cadáver fue velado con su uniforme de gala y su coraza de condecoraciones sentado en la silla presidencial. El general Maximiliano Hernández Martínez, el déspota teósofo de El Salvador que hizo exterminar en una matanza bárbara a 30 mil campesinos, había inventado un péndulo para averiguar si los alimentos estaban envenenados, e hizo cubrir con papel rojo el alumbrado público para combatir una epidemia de escarlatina. El monumento al general Francisco Morazán, erigido en la plaza mayor de Tegucigalpa, es en realidad una estatua del mariscal Ney comprada en París en un depósito de esculturas usadas.
Hace once años, uno de los poetas insignes de nuestro tiempo, el chileno Pablo Neruda, iluminó este ámbito con su palabra. En las buenas conciencias de Europa, y a veces también en las malas, han irrumpido desde entonces con más ímpetus que nunca las noticias fantasmales de la América Latina, esa patria inmensa de hombres alucinados y mujeres históricas, cuya terquedad sin fin se confunde con la leyenda. No hemos tenido un instante de sosiego. Un presidente prometeico atrincherado en su palacio en llamas murió peleando solo contra todo un ejército, y dos desastres aéreos sospechosos y nunca esclarecidos segaron la vida de otro de corazón generoso, y la de un militar demócrata que había restaurado la dignidad de su pueblo. En este lapso ha habido 5 guerras y 17 golpes de estado, y surgió un dictador luciferino que en el nombre de Dios lleva a cabo el primer etnocidio de América Latina en nuestro tiempo. Mientras tanto 20 millones de niños latinoamericanos morían antes de cumplir dos años, que son más de cuantos han nacido en Europa occidental desde 1970. Los desaparecidos por motivos de la represión son casi los 120 mil, que es como si hoy no se supiera dónde están todos los habitantes de la ciudad de Upsala. Numerosas mujeres arrestadas encintas dieron a luz en cárceles argentinas, pero aún se ignora el paradero y la identidad de sus hijos, que fueron dados en adopción clandestina o internados en orfanatos por las autoridades militares. Por no querer que las cosas siguieran así han muerto cerca de 200 mil mujeres y hombres en todo el continente, y más de 100 mil perecieron en tres pequeños y voluntariosos países de la América Central, Nicaragua, El Salvador y Guatemala. Si esto fuera en los Estados Unidos, la cifra proporcional sería de un millón 600 mil muertes violentas en cuatro años.
De Chile, país de tradiciones hospitalarias, ha huido un millón de personas: el 10 por ciento de su población. El Uruguay, una nación minúscula de dos y medio millones de habitantes que se consideraba como el país más civilizado del continente, ha perdido en el destierro a uno de cada cinco ciudadanos. La guerra civil en El Salvador ha causado desde 1979 casi un refugiado cada 20 minutos. El país que se pudiera hacer con todos los exiliados y emigrados forzosos de América latina, tendría una población más numerosa que Noruega.
Me atrevo a pensar que es esta realidad descomunal, y no sólo su expresión literaria, la que este año ha merecido la atención de la Academia Sueca de la Letras. Una realidad que no es la del papel, sino que vive con nosotros y determina cada instante de nuestras incontables muertes cotidianas, y que sustenta un manantial de creación insaciable, pleno de desdicha y de belleza, del cual éste colombiano errante y nostálgico no es más que una cifra más señalada por la suerte. Poetas y mendigos, músicos y profetas, guerreros y malandrines, todas las criaturas de aquella realidad desaforada hemos tenido que pedirle muy poco a la imaginación, porque el desafío mayor para nosotros ha sido la insuficiencia de los recursos convencionales para hacer creíble nuestra vida. Este es, amigos, el nudo de nuestra soledad.
Pues si estas dificultades nos entorpecen a nosotros, que somos de su esencia, no es difícil entender que los talentos racionales de este lado del mundo, extasiados en la contemplación de sus propias culturas, se hayan quedado sin un método válido para interpretarnos. Es comprensible que insistan en medirnos con la misma vara con que se miden a sí mismos, sin recordar que los estragos de la vida no son iguales para todos, y que la búsqueda de la identidad propia es tan ardua y sangrienta para nosotros como lo fue para ellos. La interpretación de nuestra realidad con esquemas ajenos sólo contribuye a hacernos cada vez más desconocidos, cada vez menos libres, cada vez más solitarios. Tal vez la Europa venerable sería más comprensiva si tratara de vernos en su propio pasado. Si recordara que Londres necesitó 300 años para construir su primera muralla y otros 300 para tener un obispo, que Roma se debatió en las tinieblas de incertidumbre durante 20 siglos antes de que un rey etrusco la implantara en la historia, y que aún en el siglo XVI los pacíficos suizos de hoy, que nos deleitan con sus quesos mansos y sus relojes impávidos, ensangrentaron a Europa con soldados de fortuna. Aún en el apogeo del Renacimiento, 12 mil lansquenetes a sueldo de los ejércitos imperiales saquearon y devastaron a Roma, y pasaron a cuchillo a ocho mil de sus habitantes.
No pretendo encarnar las ilusiones de Tonio Kröger, cuyos sueños de unión entre un norte casto y un sur apasionado exaltaba Thomas Mann hace 53 años en este lugar. Pero creo que los europeos de espíritu clarificador, los que luchan también aquí por una patria grande más humana y más justa, podrían ayudarnos mejor si revisaran a fondo su manera de vernos. La solidaridad con nuestros sueños no nos haría sentir menos solos, mientras no se concrete con actos de respaldo legítimo a los pueblos que asuman la ilusión de tener una vida propia en el reparto del mundo.
América Latina no quiere ni tiene por qué ser un alfil sin albedrío, ni tiene nada de quimérico que sus designios de independencia y originalidad se conviertan en una aspiración occidental.
No obstante, los progresos de la navegación que han reducido tantas distancias entre nuestras Américas y Europa, parecen haber aumentado en cambio nuestra distancia cultural. ¿Por qué la originalidad que se nos admite sin reservas en la literatura se nos niega con toda clase de suspicacias en nuestras tentativas tan difíciles de cambio social? ¿Por qué pensar que la justicia social que los europeos de avanzada tratan de imponer en sus países no puede ser también un objetivo latinoamericano con métodos distintos en condiciones diferentes? No: la violencia y el dolor desmesurados de nuestra historia son el resultado de injusticias seculares y amarguras sin cuento, y no una confabulación urdida a 3 mil leguas de nuestra casa. Pero muchos dirigentes y pensadores europeos lo han creído, con el infantilismo de los abuelos que olvidaron las locuras fructíferas de su juventud, como si no fuera posible otro destino que vivir a merced de los dos grandes dueños del mundo. Este es, amigos, el tamaño de nuestra soledad.
Sin embargo, frente a la opresión, el saqueo y el abandono, nuestra respuesta es la vida. Ni los diluvios ni las pestes, ni las hambrunas ni los cataclismos, ni siquiera las guerras eternas a través de los siglos y los siglos han conseguido reducir la ventaja tenaz de la vida sobre la muerte. Una ventaja que aumenta y se acelera: cada año hay 74 millones más de nacimientos que de defunciones, una cantidad de vivos nuevos como para aumentar siete veces cada año la población de Nueva York. La mayoría de ellos nacen en los países con menos recursos, y entre éstos, por supuesto, los de América Latina. En cambio, los países más prósperos han logrado acumular suficiente poder de destrucción como para aniquilar cien veces no sólo a todos los seres humanos que han existido hasta hoy, sino la totalidad de los seres vivos que han pasado por este planeta de infortunios.
Un día como el de hoy, mi maestro William Faulkner dijo en este lugar: «Me niego a admitir el fin del hombre». No me sentiría digno de ocupar este sitio que fue suyo si no tuviera la conciencia plena de que por primera vez desde los orígenes de la humanidad, el desastre colosal que él se negaba a admitir hace 32 años es ahora nada más que una simple posibilidad científica. Ante esta realidad sobrecogedora que a través de todo el tiempo humano debió de parecer una utopía, los inventores de fábulas que todo lo creemos, nos sentimos con el derecho de creer que todavía no es demasiado tarde para emprender la creación de la utopía contraria. Una nueva y arrasadora utopía de la vida, donde nadie pueda decidir por otros hasta la forma de morir, donde de veras sea cierto el amor y sea posible la felicidad, y donde las estirpes condenadas a cien años de soledad tengan por fin y para siempre una segunda oportunidad sobre la tierra.
Agradezco a la Academia de Letras de Suecia el que me haya distinguido con un premio que me coloca junto a muchos de quienes orientaron y enriquecieron mis años de lector y de cotidiano celebrante de ese delirio sin apelación que es el oficio de escribir. Sus nombres y sus obras se me presentan hoy como sombras tutelares, pero también como el compromiso, a menudo agobiante, que se adquiere con este honor. Un duro honor que en ellos me pareció de simple justicia, pero que en mí entiendo como una más de esas lecciones con las que suele sorprendernos el destino, y que hacen más evidente nuestra condición de juguetes de un azar indescifrable, cuya única y desoladora recompensa, suelen ser, la mayoría de las veces, la incomprensión y el olvido.
Es por ello apenas natural que me interrogara, allá en ese trasfondo secreto en donde solemos trasegar con las verdades más esenciales que conforman nuestra identidad, cuál ha sido el sustento constante de mi obra, qué pudo haber llamado la atención de una manera tan comprometedora a este tribunal de árbitros tan severos. Confieso sin falsas modestias que no me ha sido fácil encontrar la razón, pero quiero creer que ha sido la misma que yo hubiera deseado. Quiero creer, amigos, que este es, una vez más, un homenaje que se rinde a la poesía. A la poesía por cuya virtud el inventario abrumador de las naves que numeró en su Ilíada el viejo Homero está visitado por un viento que las empuja a navegar con su presteza intemporal y alucinada. La poesía que sostiene, en el delgado andamiaje de los tercetos del Dante, toda la fábrica densa y colosal de la Edad Media. La poesía que con tan milagrosa totalidad rescata a nuestra América en las Alturas de Machu Pichu de Pablo Neruda el grande, el más grande, y donde destilan su tristeza milenaria nuestros mejores sueños sin salida. La poesía, en fin, esa energía secreta de la vida cotidiana, que cuece los garbanzos en la cocina, y contagia el amor y repite las imágenes en los espejos.
En cada línea que escribo trato siempre, con mayor o menor fortuna, de invocar los espíritus esquivos de la poesía, y trato de dejar en cada palabra el testimonio de mi devoción por sus virtudes de adivinación, y por su permanente victoria contra los sordos poderes de la muerte. El premio que acabo de recibir lo entiendo, con toda humildad, como la consoladora revelación de que mi intento no ha sido en vano. Es por eso que invito a todos ustedes a brindar por lo que un gran poeta de nuestras Américas, Luis Cardoza y Aragón, ha definido como la única prueba concreta de la existencia del hombre: la poesía.

Muchas gracias.

A la Memoria de Emma Castelnuovo


Emma Castelnuovo estudió en el Instituto Matemático de la Universidad de Roma, donde obtuvo la licenciatura en Matemáticas en el año 1936 con un trabajo sobre Geometría Algebraica.

Al terminar sus estudios universitarios trabaja como bibliotecaria en el mismo Instituto Matemático de Roma durante los años 1936, 1937 y 1938. Este instituto lleva el nombre de "Guido Castelnuovo" en honor a su padre, gran geómetra italiano.

En 1938 se presenta a un concurso-oposición para ingresar como profesora en una Escuela de Enseñanza Secundaria. No le dan la cátedra debido a las leyes raciales vigentes durante el periodo de fascismo italiano. Por la misma razón pierde su trabajo como bibliotecaria.

Desde el año 1939 al 1943 trabaja como profesora en la Escuela Israelita de Roma organizada en ese periodo. La ocupación alemana de Italia en los años 1943 y 1944 le impide desarrollar actividades laborales.

La liberación de Roma en junio de 1944 le permite presentarse y obtener la cátedra en una Escuela Estatal de Enseñanza Secundaria de primer ciclo (alumnos de 11 a 14 años). Ese mismo año organiza un ciclo de conferencias sobre la enseñanza de las Matemáticas.

En 1946 da una conferencia y escribe un artículo sobre El Método Intuitivo para enseñar Geometría en el Primer Ciclo de Secundaria. Las ideas que expone en este artículo son las que le llevan a escribir y publicar, en el año 1949, su primer libro titulado Geometría Intuitiva desarrollando en él unas ideas y unos métodos que nada tenían que ver con los programas oficiales vigentes.

Leyendo el prefacio de la primera edición sorprende la actualidad de las propuestas:

"...el objetivo principal del curso de geometría intuitiva es el de suscitar, a través de la observación de miles de hechos de la técnica, del arte y de la naturaleza, el interés del alumno por las propiedades fundamentales de las figuras geométricas y con ello el gusto y el entusiasmo por la investigación. Y este gusto no puede nacer, en mi opinión, si no es haciendo participar al alumno en el trabajo creativo. Es necesario, por una parte, animar la natural e instintiva curiosidad que tienen los niños de 11 a 14 años conduciéndoles al descubrimiento de las verdades matemáticas, tratando de darles la impresión de haberlo hecho por sí mismos, y por otra parte, hacerles sentir progresivamente la necesidad de un razonamiento lógico"..

Pocos años después (1952) publica su libro de Aritmética I Numeri para alumnos de primer ciclo de Secundaria. Este libro desde su primera edición ha estado estrechamente ligado al de Geometría Intuitiva. Desde entonces los dos libros se han renovado dando lugar a numerosísimas ediciones.

En 1950 nace la C.I.E.A.E.M.(Comisión Internacional para el Estudio y Mejora de la Enseñanza de las Matemáticas) y es nombrada miembro de dicha Comisión en 1951. Con este motivo conoce y trabaja con Piaget, Gattegno, Puig Adam y otros.

Esta comisión celebra en Madrid en 1956, su XI reunión con una exposición simultánea de modelos y material didáctico, en la que Emma presenta un reloj de arena para la ilustración de las secciones cónicas y hace una demostración del uso de un material didáctico muy rudimentario (goma y cuerda), con alumnos del Liceo Italiano de Madrid.

La C.I.E.A.E.M. promueve en 1958 la publicación de un libro titulado "El material para la enseñanza de las Matemáticas" con artículos de personas muy relevantes en didáctica de la matemática, entre ellos Emma Castelnuovo y P. Puig Adam.

El artículo de Emma lleva el título de El objeto y la acción en la enseñanza de la Geometría intuitiva.

Puig Adam en su libro "El material didáctico actual" hace una crónica de la reunión-exposición y al valorar el artículo de Emma dice:

"... confirma la reconocida maestría profesional de la autora, y constituye una defensa del método de enseñanza activa, llegando a la conclusión de que solamente el método constructivo, que como tal tiene que partir de una base concreta, es capaz de dejar una huella formativa en el educando matemático"

En 1963 se publica su libro Didattica della Matematica y a partir de ese año da muchos cursos y confenrecias tanto en Italia como en otros países y participa en casi todos los congresos y comisiones nacionales e internacionales sobre educación matemática

Mantiene una constante relación con la Ecole Decroly y con el matemático Paul Libois de la Universidad Libre de Bruselas, que dirigía la enseñanza de las matemáticas en dicha escuela.

Las discusiones con Paul Libois y las exposiciones de matemáticas organizadas por él en la escuela y en la universidad, fueron fuente de estímulo y orientación para Emma, y la llevan a una fecunda integración de la tendencia psicopedagógica de O. Decroly y el carácter antiformalista, dinámico y unificado de la enseñanza de la matemática de F. Enriques.

En el año 1968 participa por primera vez en el I.C.M.I. al que asistirá a partir de entonces en numerosas ocasiones.

Organiza en Roma dos exposiciones con trabajos de sus alumnos en los años 1971 y 1974.

Estas exposiciones, que son un planteamiento vivo de sus planteamientos didácticos, dan lugar a la publicación de dos libros titulados Documenti di un'esposizione di matematica en 1972 y Matematica nella realtá en 1976. Desde 1977 a 1982 acude a Níger en cuatro ocasiones y participa en experiencias didácticas en clases con alumnos nigerianos de escuelas secundarias.

En dos de estas ocasiones es la UNESCO quien organiza estas actividades. En 1984 colabora en libros de Matemáticas para el segundo ciclo de la enseñanza secundaria italiana (alumnos de 14 a 18 años). En enero de 1993 publica un libro de divulgación matemática que lleva el título de Pentole, ombre e formiche.

In viaggio con la Matematica. Es de destacar que Emma Castelnuovo, por decisión personal, ha enseñado siempre en la Escuela Secundaria de primer ciclo (Escuela Media), para alumnos de 11 a 14 años.

La enseñanza de las matemáticas en esta etapa va unida al de las ciencias químicas, físicas y naturales y son impartidas por el mismo profesor. La última reforma de la Escuela media italiana es de 1979, y en ella la influencia de Emma es tan evidente, que sus libros de texto entran "en la legalidad" como ella misma reconoce en ediciones posteriores.

Esta reforma fue precedida de un movimiento de renovación en la educación matemática, promovido por iniciativas personales y por organismos oficiales. Un ejemplo de ello es la colección de didáctica de la matemática, dirigida por L. Campedelli y E. Castelnuovo. En la actualidad su influencia sigue presente a través de sus numerosos discípulos que en "Laboratorio Didáctico" del Instituto Matemático de Roma se ocupan de la formación metodológica y puesta al día de los profesores.

Ha estado en España en varias ocasiones, su participación en las II Jornadas Regionales de Didáctica de la Matemática que tuvo lugar en Zamora en 1987 y en las que coordinó una mesa de trabajo sobre Geometría. En los II Encuentros Extremeños de Profesores de Matemáticas dio una conferencia sobre "Los Fractales" y habló sobre los programas de Matemáticas del pasado y del futuro.

Asimismo, ha realizado varias visitas a nuestra Sociedad:

* "Cinco Encuentros de Didáctica Matemática con Emma Castelnuovo" en Mayo de 1993
* "Tres encuentros con Emma Castelnuovo" en Mayo de 1996
* "La enseñanza de las Matemáticas en la Historia de la Educación" en Enero de 1999
* En este curso 1999-2000 ha dirigido un Grupo de Trabajo en la SMPM para Desarrollar Materiales para la Enseñanza de la Geometría en Secundaria.
Por otra parte, ha colaborado con la Federación participando en dos conferencias plenarias en las JAEM:
* "Las Representaciones Gráficas en Matemáticas: un estudio histórico-crítico”. (VII JAEM. Madrid 1997)
* "La Matemática Escolar en este Siglo". (IX JAEM. Lugo 1999) Además: * Continúa siendo miembro activo de la CIEAEM, en donde presenta con regularidad ponencias y conferencias.
* Sigue dando conferencias por todo el mundo (el año pasado estuvo en Cuba)



Lamentamos comunicar que el pasado domingo 13 de abril Emma nos ha dejado.
Hace apenas unos días el periódico El Mundo de España reconocía su gran labor docente en un artículo (http://www.elmundo.es/ciencia/2014/03/31/532c937222601dd3178b4581.html) complementado por uno de nuestros socios que más la conocía, Francisco Martín Casalderrey.


Tomado de: http://www.smpm.es/